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SILVINA TESTA NOS ESCRIBE DESDE LOS PAGOS DE DALI

Ella, tandilense, vive en Figueres y nos describe lo bonito del lugar que habita, porqué es que se fue y no volvería a residir en nuestra ciudad y un poco más de su agradable vida por allá. Una coterránea más que se copa con Cosa de Serranos.

Silvina Testa, tandilense radicada en Figueres, “una pequeña pero encantadora ciudad situada en la comarca del Alt Emporda (al note de Catalunya)”. Ella contó que el lugar donde reside desde hace 8 años junto a su marido Martín y sus hijas Tatiana (17 años) y Trinidad (14) es una ciudad muy importante debido a que Salvador Dali vivió allí y dejó un importante legado de cuadros, esculturas y locura. (La primera foto es del museo del afamado pintor; la segunda es de una playa llamada "Cau del llop").

“Escogimos este lugar porque mi marido es amante del rugby y aquí estamos muy cerca de Perpignan (y de todo el sur de Francia… lugares claves del rugby)”.
-¿A qué se dedican estando allá?
Mi marido trabaja como jardinero y yo estoy como dependienta en una casa de comidas para llevar. Las niñas estudian, la más pequeña hace 2º de la ESO y la mayor 1º de BTX, le falta un año para empezar la facultad.

Evidentemente los cuatro viven en un lugar maravilloso. “La zona donde vivimos está estratégicamente ubicada entre los Pirineos y el Mediterraneo… así que no podemos quejarnos. Tenemos la nieve en invierno a una hora de coche y el mar a 20 minutos. Disfrutamos mucho de la naturaleza, haciendo salidas a la montaña y algún asadito de vez en cuando (con carne bastante mala, según los que saben). Y ahora que llega el verano se vienen ¡interminables días de playa! También hacemos viajecitos cortos por Europa… no porque tengamos mucho dinero ¡sino porque sale muy barato!"

-¿Cómo es la vida por allí?
La vida entre catalanes es un poco difícil, porque son demasiado serios y estructurados. Nada que ver con los argentinos. Eso sí, son muy serviciales y amables. La educación de las niñas también me gusta. Van al Instituto todo el día, les exigen mucho, por narices tienen que hablar 4 idiomas: el catalán, el castellano, el francés (por estar cerca de la frontera con Francia) y el inglés. Los adolescentes son muy tranquilos, no están todo el día “de marcha”, van a bailar cada dos meses y de lunes a viernes estudian y “tontean” con el ordenador (computadora).
-¿Qué es lo que más se extraña?
-La familia, por supuesto, siento mucho no poder estar ahí viendo cómo mis sobrinos crecen y mi madre y mis hermanos envejecen. ¿Otra cosa? ¡Los alfajores Payes! (se ríe).
-¿Volverían a Tandil?
De momento solo pensamos ir de paseo, creo que nunca volveré. Las niñas llevan más tiempo aquí, ya tienen su vida, su gente, la mayor irá a la facultad aquí y cuando quiera darme cuenta estará casada. Y mientras ellas me necesiten, aquí estaré. No es sólo eso, la parte económica también influye. Yo en Tandil nunca trabajé, no porque no quisiera sino que jamás me dieron una oportunidad. Aquí si me quedo hoy sin trabajo, mañana tendré otro y lamentablemente allí no es así. Como verán estamos muy contentos aquí y si bien echamos de menos algunas cosas, pienso que vale la pena, no por mí, que tengo 40 años y un 50 por ciento vivido, sino para que las niñas tengan la posibilidad de crecer y aprovechar las oportunidades que les da el primer mundo (tan odiado por unos cuantos…).

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SILVINA TESTA NOS ESCRIBE DESDE LOS PAGOS DE DALI

Ella, tandilense, vive en Figueres y nos describe lo bonito del lugar que habita, porqué es que se fue y no volvería a residir en nuestra ciudad y un poco más de su agradable vida por allá. Una coterránea más que se copa con Cosa de Serranos.

Silvina Testa, tandilense radicada en Figueres, “una pequeña pero encantadora ciudad situada en la comarca del Alt Emporda (al note de Catalunya)”. Ella contó que el lugar donde reside desde hace 8 años junto a su marido Martín y sus hijas Tatiana (17 años) y Trinidad (14) es una ciudad muy importante debido a que Salvador Dali vivió allí y dejó un importante legado de cuadros, esculturas y locura. (La primera foto es del museo del afamado pintor; la segunda es de una playa llamada "Cau del llop").

“Escogimos este lugar porque mi marido es amante del rugby y aquí estamos muy cerca de Perpignan (y de todo el sur de Francia… lugares claves del rugby)”.
-¿A qué se dedican estando allá?
Mi marido trabaja como jardinero y yo estoy como dependienta en una casa de comidas para llevar. Las niñas estudian, la más pequeña hace 2º de la ESO y la mayor 1º de BTX, le falta un año para empezar la facultad.

Evidentemente los cuatro viven en un lugar maravilloso. “La zona donde vivimos está estratégicamente ubicada entre los Pirineos y el Mediterraneo… así que no podemos quejarnos. Tenemos la nieve en invierno a una hora de coche y el mar a 20 minutos. Disfrutamos mucho de la naturaleza, haciendo salidas a la montaña y algún asadito de vez en cuando (con carne bastante mala, según los que saben). Y ahora que llega el verano se vienen ¡interminables días de playa! También hacemos viajecitos cortos por Europa… no porque tengamos mucho dinero ¡sino porque sale muy barato!"

-¿Cómo es la vida por allí?
La vida entre catalanes es un poco difícil, porque son demasiado serios y estructurados. Nada que ver con los argentinos. Eso sí, son muy serviciales y amables. La educación de las niñas también me gusta. Van al Instituto todo el día, les exigen mucho, por narices tienen que hablar 4 idiomas: el catalán, el castellano, el francés (por estar cerca de la frontera con Francia) y el inglés. Los adolescentes son muy tranquilos, no están todo el día “de marcha”, van a bailar cada dos meses y de lunes a viernes estudian y “tontean” con el ordenador (computadora).
-¿Qué es lo que más se extraña?
-La familia, por supuesto, siento mucho no poder estar ahí viendo cómo mis sobrinos crecen y mi madre y mis hermanos envejecen. ¿Otra cosa? ¡Los alfajores Payes! (se ríe).
-¿Volverían a Tandil?
De momento solo pensamos ir de paseo, creo que nunca volveré. Las niñas llevan más tiempo aquí, ya tienen su vida, su gente, la mayor irá a la facultad aquí y cuando quiera darme cuenta estará casada. Y mientras ellas me necesiten, aquí estaré. No es sólo eso, la parte económica también influye. Yo en Tandil nunca trabajé, no porque no quisiera sino que jamás me dieron una oportunidad. Aquí si me quedo hoy sin trabajo, mañana tendré otro y lamentablemente allí no es así. Como verán estamos muy contentos aquí y si bien echamos de menos algunas cosas, pienso que vale la pena, no por mí, que tengo 40 años y un 50 por ciento vivido, sino para que las niñas tengan la posibilidad de crecer y aprovechar las oportunidades que les da el primer mundo (tan odiado por unos cuantos…).

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Ella, tandilense, vive en Figueres y nos describe lo bonito del lugar que habita, porqué es que se fue y no volvería a residir en nuestra ciudad y un poco más de su agradable vida por allá. Una coterránea más que se copa con Cosa de Serranos.

Silvina Testa, tandilense radicada en Figueres, “una pequeña pero encantadora ciudad situada en la comarca del Alt Emporda (al note de Catalunya)”. Ella contó que el lugar donde reside desde hace 8 años junto a su marido Martín y sus hijas Tatiana (17 años) y Trinidad (14) es una ciudad muy importante debido a que Salvador Dali vivió allí y dejó un importante legado de cuadros, esculturas y locura. (La primera foto es del museo del afamado pintor; la segunda es de una playa llamada "Cau del llop").

“Escogimos este lugar porque mi marido es amante del rugby y aquí estamos muy cerca de Perpignan (y de todo el sur de Francia… lugares claves del rugby)”.
-¿A qué se dedican estando allá?
Mi marido trabaja como jardinero y yo estoy como dependienta en una casa de comidas para llevar. Las niñas estudian, la más pequeña hace 2º de la ESO y la mayor 1º de BTX, le falta un año para empezar la facultad.

Evidentemente los cuatro viven en un lugar maravilloso. “La zona donde vivimos está estratégicamente ubicada entre los Pirineos y el Mediterraneo… así que no podemos quejarnos. Tenemos la nieve en invierno a una hora de coche y el mar a 20 minutos. Disfrutamos mucho de la naturaleza, haciendo salidas a la montaña y algún asadito de vez en cuando (con carne bastante mala, según los que saben). Y ahora que llega el verano se vienen ¡interminables días de playa! También hacemos viajecitos cortos por Europa… no porque tengamos mucho dinero ¡sino porque sale muy barato!"

-¿Cómo es la vida por allí?
La vida entre catalanes es un poco difícil, porque son demasiado serios y estructurados. Nada que ver con los argentinos. Eso sí, son muy serviciales y amables. La educación de las niñas también me gusta. Van al Instituto todo el día, les exigen mucho, por narices tienen que hablar 4 idiomas: el catalán, el castellano, el francés (por estar cerca de la frontera con Francia) y el inglés. Los adolescentes son muy tranquilos, no están todo el día “de marcha”, van a bailar cada dos meses y de lunes a viernes estudian y “tontean” con el ordenador (computadora).
-¿Qué es lo que más se extraña?
-La familia, por supuesto, siento mucho no poder estar ahí viendo cómo mis sobrinos crecen y mi madre y mis hermanos envejecen. ¿Otra cosa? ¡Los alfajores Payes! (se ríe).
-¿Volverían a Tandil?
De momento solo pensamos ir de paseo, creo que nunca volveré. Las niñas llevan más tiempo aquí, ya tienen su vida, su gente, la mayor irá a la facultad aquí y cuando quiera darme cuenta estará casada. Y mientras ellas me necesiten, aquí estaré. No es sólo eso, la parte económica también influye. Yo en Tandil nunca trabajé, no porque no quisiera sino que jamás me dieron una oportunidad. Aquí si me quedo hoy sin trabajo, mañana tendré otro y lamentablemente allí no es así. Como verán estamos muy contentos aquí y si bien echamos de menos algunas cosas, pienso que vale la pena, no por mí, que tengo 40 años y un 50 por ciento vivido, sino para que las niñas tengan la posibilidad de crecer y aprovechar las oportunidades que les da el primer mundo (tan odiado por unos cuantos…).

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Ella, tandilense, vive en Figueres y nos describe lo bonito del lugar que habita, porqué es que se fue y no volvería a residir en nuestra ciudad y un poco más de su agradable vida por allá. Una coterránea más que se copa con Cosa de Serranos.

Silvina Testa, tandilense radicada en Figueres, “una pequeña pero encantadora ciudad situada en la comarca del Alt Emporda (al note de Catalunya)”. Ella contó que el lugar donde reside desde hace 8 años junto a su marido Martín y sus hijas Tatiana (17 años) y Trinidad (14) es una ciudad muy importante debido a que Salvador Dali vivió allí y dejó un importante legado de cuadros, esculturas y locura. (La primera foto es del museo del afamado pintor; la segunda es de una playa llamada "Cau del llop").

“Escogimos este lugar porque mi marido es amante del rugby y aquí estamos muy cerca de Perpignan (y de todo el sur de Francia… lugares claves del rugby)”.
-¿A qué se dedican estando allá?
Mi marido trabaja como jardinero y yo estoy como dependienta en una casa de comidas para llevar. Las niñas estudian, la más pequeña hace 2º de la ESO y la mayor 1º de BTX, le falta un año para empezar la facultad.

Evidentemente los cuatro viven en un lugar maravilloso. “La zona donde vivimos está estratégicamente ubicada entre los Pirineos y el Mediterraneo… así que no podemos quejarnos. Tenemos la nieve en invierno a una hora de coche y el mar a 20 minutos. Disfrutamos mucho de la naturaleza, haciendo salidas a la montaña y algún asadito de vez en cuando (con carne bastante mala, según los que saben). Y ahora que llega el verano se vienen ¡interminables días de playa! También hacemos viajecitos cortos por Europa… no porque tengamos mucho dinero ¡sino porque sale muy barato!"

-¿Cómo es la vida por allí?
La vida entre catalanes es un poco difícil, porque son demasiado serios y estructurados. Nada que ver con los argentinos. Eso sí, son muy serviciales y amables. La educación de las niñas también me gusta. Van al Instituto todo el día, les exigen mucho, por narices tienen que hablar 4 idiomas: el catalán, el castellano, el francés (por estar cerca de la frontera con Francia) y el inglés. Los adolescentes son muy tranquilos, no están todo el día “de marcha”, van a bailar cada dos meses y de lunes a viernes estudian y “tontean” con el ordenador (computadora).
-¿Qué es lo que más se extraña?
-La familia, por supuesto, siento mucho no poder estar ahí viendo cómo mis sobrinos crecen y mi madre y mis hermanos envejecen. ¿Otra cosa? ¡Los alfajores Payes! (se ríe).
-¿Volverían a Tandil?
De momento solo pensamos ir de paseo, creo que nunca volveré. Las niñas llevan más tiempo aquí, ya tienen su vida, su gente, la mayor irá a la facultad aquí y cuando quiera darme cuenta estará casada. Y mientras ellas me necesiten, aquí estaré. No es sólo eso, la parte económica también influye. Yo en Tandil nunca trabajé, no porque no quisiera sino que jamás me dieron una oportunidad. Aquí si me quedo hoy sin trabajo, mañana tendré otro y lamentablemente allí no es así. Como verán estamos muy contentos aquí y si bien echamos de menos algunas cosas, pienso que vale la pena, no por mí, que tengo 40 años y un 50 por ciento vivido, sino para que las niñas tengan la posibilidad de crecer y aprovechar las oportunidades que les da el primer mundo (tan odiado por unos cuantos…).

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