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UN TRISTE ADIOS A LA TENEBROSA

Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

Todo aquellos que quieran compartir o transmitir experiencias de cualquier tipo pueden comunicarse a cosa@cosadeserranos.com.ar y compartir con este portal lo que deseen.

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UN TRISTE ADIOS A LA TENEBROSA

Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

Todo aquellos que quieran compartir o transmitir experiencias de cualquier tipo pueden comunicarse a cosa@cosadeserranos.com.ar y compartir con este portal lo que deseen.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

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Una banda de vagos se despidió de una casa que supo ser bestialmente ocupada. Santi, Mochi, Benji y Juani y todo su grupete de amigos hicieron y vivieron las mil y una ahí dentro y con melancolía se despidieron. Imágenes y anécdotas

Era entrar y no parar de asombrarse por el desorden, claro, allí dentro vivían cuatro zánganos”, testimonia Galgo, un personaje singular que no bebe ni fuma pero es un flor de san puta. “Éste está pasaaaaado”, solía gritar -con tono chistoso- Galguín, cuando veía uno con los ojos demasiado rojos.

Café La Humedad era un poroto al lado de las paredes de la “Tenebrosa” (Maipú al 900), pese a las condiciones impresentables con que los chicos vistieron su detestable hogar, por dichas paredes se aburrieron de desfilar y corretear mujeres. Es que Nahuel era el gancho para que las minitas fueran. Y Juani Vismara, otro dandy de aquéllos. El ex rugbier de Los 50 merece un párrafo aparte porque fue el único de los cuatro sátrapas que llevó adelante y culminó una carrera universitaria (Tecnología de los Alimentos) viviendo allí dentro, que no implicaba otra cosa que encerrarse y concentrarse a la fuerza para repasar materias porque todas las noches había joda, cuando no era uno, pasaba otro u otro, pero era cantado que alguien se daba una vuelta a romper los huevos y las birras salían solas.

En el living, así nomás, a lo indio, los chicos calzaron una mesa de ping pong y se mataban por las tardes. El Tiburón Ledesma se terminó erigiendo a la larga como el number one de dicha práctica, siendo escoltado por Nahuel.

El hazme reír y más bardero fue Galguito, un tipo capaz de defenestrar a conocidos y desconocidos porque sí, sin mayores argumentos. El se hizo “capo” en el barrio al frecuentar la casa de enfrente (donde hay otros vagos estudiantes de Laprida), la pizzería de la esquina ("Lo de Rosa", donde se encaró mil veces a la que atiende) y charlotear con el sereno de enfrente.


Benji Vázquez fue, es y será el más zángano de todos, personaje muy amigo del Tanito Fazzini, solía regodearse cuando lo visitaban otros atorrantes como Maxi García o el charlatán de José Lacovara. “A cualquier hora que pasaras, Benji estaba ahí sentado al pedo, dispuesto a tomarse una chicha con cualquiera”, lo buchonea Galgo.

Es que Benji y Mochi Ibarra tienen actividades demasiado arduas. Uno es repositor de cervezas de dos supermercados chinos y, el otro, pasea perros y “acomoda sus tiempos”. La peor fue cuando uno de los inquilinos invitó a un par de amigas atorrantitas de Buenos Aires un fin de semana y fue el único que no mojó.

Cuando yo iba, los fines de semana, no había ni vaso limpio ni sucio para tomar, chupábamos birra en frascos de mermelada”, se emociona al contar Yago. El único higiénico era Piero, que mientras todos hacían quilombo ordenaba algo de todo el mamarracho general.

Pablito en más de una oportunidad pasó por un agujero que había en la puerta de calle y cuenta la leyenda que una joven, asediada por Benji, una noche también se dio a la fuga por tal vía. Y hubo un loco, apodado Cotorra, que otra vuelta a la tardecita ingresó a la casa -sin previo aviso- con un par de prostitutas.

La Tenebrosa solía tener sus puertas abiertas las 24 horas, total era un chiquero al que ningún ladrón se atrevería a ingresar. Fueron casi 365 días de descontrol diario, juntadas, birras, mujeres, póker, chicanas, anécdotas, el juego la cascada con barajas, bardos, fondos blanco, gritos, música al taco. En fin… 365 noches alegres y ahora los chicos temen que se vengan las mañanas tristes. De seguro tal agrupación no encontrará otro lugar más ideal que ése para reunirse sin previo aviso, caer a cualquier hora y saber que te vas a encontrar con los chicos, la nostalgia desborda sus almas y por eso cada noche que se junten y beban, añorarán esa casa de paredes podridas (ver imágenes) que supo serles fiel en las peores condiciones habidas y por haber. Por eso quisieron dejar un testimonio de recuerdo y Cosa de Serranos aquí les devuelve el centro.

Todo aquellos que quieran compartir o transmitir experiencias de cualquier tipo pueden comunicarse a cosa@cosadeserranos.com.ar y compartir con este portal lo que deseen.

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