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UN LUGAR CON ONDA, EN MARDEL

Nuestra columnista caritativa, Silvia Izquierdo, hizo un alto solidario y nos recomienda el Parador Amarrillo de la playa del Torreón, en una nota con su propietaria.
El lugar es un oasis en medio del calor un día de verano en Mardel. Y un refugio, cuando está nublado o llueve. Con onda. Mucha onda. Música, metegol gratis, buenos licuados, cosas ricas para comer. Y todo a la vista. Los cajones de ananás, melón, banana… Como si fuera una frutería, pero tomarte como dicen sus “habitués”, el mejor licuado está al alcance de tu mano, de este lado de un mostrador simpático y amigable, con gente con más onda. Espectacular vista, al lado de un lugar con magia e historia, y frente a una feria de artesanos.

-Marian, ¿cómo empezaron con esto?
-Con mi marido siempre nos dedicamos a la gastronomía. De 1999 a 2001 tuvimos la concesión del mismo Torreón. Y luego nos vinimos acá. Primero se llamaba “El Parador del Monje”. Una vez pintamos todo de amarillo. Y los proveedores y la gente se referían “sí, nos encontramos en el parador amarillo”, entonces le dije a mi marido, ya fue, cambiamos el nombre.
Agradezco a la gente que hizo crecer el lugar, lo que se aprende de ellos. Por ejemplo con los tragos. Hay uno con historia. Al segundo año nos regalaron un rotwiller, y lo traía de cachorro. Y nació Socco, el trago con el nombre del perro (piña colada, ananá y vodka) y ¡se vende un montón! La gente pide “el trago del perro”. Hay clientes que vienen desde el primer año, una en especial que nos dice que esta es su segunda casa. Algunos, cuando no vienen a Mar del Plata, nos mandan saludos. A la gente le gusta ser reconocida, como le pasa a uno.

-Marian, ¿por qué empezaron?, ¿cuál fue la motivación principal?
-Nos gusta el rubro. Hemos hecho catering para fiestas, hemos tenido otros paradores antes.

-¿Qué balance general hacés del proyecto hasta ahora?
Rescato lo social en todo. Me gusta el contacto con la gente. Y en lo económico digo que hay que estar. Por ejemplo, nosotros este año mantuvimos los precios del año pasado, no nos gusta aprovecharnos de las situaciones, el que viene de afuera ya tiene gastos de hospedaje, 4 o 5 chicos y se le complica. Pero para poder mantener precios cuando todo sube, mi marido va él mismo a comprar la fruta al mercado. Somos conscientes que vivimos gracias al público, y ellos vuelven porque les gusta.

-¿Cómo ves Mar del Plata?
-Bueno, soy marplatense y adoro la ciudad. Por momentos me duele ver los descuidos. Ya que a veces con poco…

-Bueno, a veces es la misma gente que ensucia o descuida…
-Sí, creo que es cultural. Tuve la oportunidad de viajar y en muchos lados es distinto, hay más conciencia.
-¿Conocés Tandil?
-Sí, voy seguido por trabajo. Es muy linda ciudad, la gente también.

-Marian, muchísimas gracias, por último te pido un mensaje que le puedas transmitir a quien lea esta nota y por ejemplo quisiera poner un negocio, o tengan un sueño de un emprendimiento similar o distinto.
-Que lo haga decidido. Tienen que poner toda la garra, y hay que trabajarlo. Quizás no arranque con toda la fuerza en los comienzos hasta que la gente conoce el lugar, pero luego poniendo predisposición y escuchando, la gente responde. Hay que estar, poner onda, y dar algo bueno. Si los clientes piden y respondés, van a estar. Sin la respuesta de la gente nosotros no hubiéramos estado ni continuado. Ellos te piden horarios, productos.  No hay casualidades, sino causalidad, todo es por algo.

Nota final: doy fe de “los mejores licuados”. Recomiendo ampliamente el licuado de frutilla y naranja. La próxima voy por Socco y les cuento, o mejor… ¿por qué no van ustedes y nos cuentan?

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